NIKOLAUS SCHMIDT EL VIEJO (ca. 1549-ca. 1625/29) Türmchenuhr o Reloj de torrecilla ca
NIKOLAUS SCHMIDT EL VIEJO (ca. 1549-ca. 1625/29)
Türmchenuhr o Reloj de torrecilla
ca. 1600
Bronce dorado.
Medidas: 29 x 16 cm.
Punzón del obrador en el frente con las iniciales “NS” dentro de una cartela.
Bibliografía de referencia: Henry-Gustave Tardy. La Pendule française des origines à nos jours. París, 1969; Klaus Maurice y Otto Mayr. The Clockwork Universe, German Clocks and Automata 1550-1650. Munich, 1980; Jesús Sáenz de Miera, “Lo raro del orbe. Objetos de arte y maravillas en el Alcázar de Madrid”, en El Real Alcázar de Madrid, cat. exp., Madrid, 1994, pp. 264-287; The Luxury of Time: European Clocks and Watches, cat. exp., Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, 2015.
Nikolaus Schmidt fue uno de los maestros relojeros y orfebres más importantes del Renacimiento centroeuropeo. Desarrolló buena parte de su carrera en la ciudad imperial de Augsburgo, epicentro por excelencia en la época de la orfebrería, la mecánica de precisión y las artes suntuarias. En 1576 alcanzó la maestría tras ser examinado por el gremio de relojeros de la ciudad. Ese mismo año contrajo matrimonio con la hija de Hans Fronmüller, uno de los relojeros más ricos y afamados, obteniendo así acceso directo a la corte imperial y a los coleccionistas más exquisitos.
Una década más tarde alcanzó el puesto más elevado de su gremio, el de maestro mayor de los herreros y mecánicos. Sus relojes, habitualmente realizados en bronce dorado, no eran simples elementos para controlar el paso del tiempo, sino sofisticados mecanismos considerados además como objetos de lujo por sus diseños, desde los modelos conocidos como de torrecilla hasta los autómatas. En la actualidad, sus escasos y supervivientes relojes se conservan en algunas de las más prestigiosas instituciones del mundo como el Metropolitan Museum de Nueva York, el Historisches Museum de Basilea o el Poldi Pezzoli de Milán.
Estas exquisitas piezas fueron objeto de deseo de la casa imperial, la alta nobleza y la pujante burguesía, quienes a cambio de poseerlos desembolsaron grandes sumas de dinero. Este elitismo tuvo su reflejo en las artes, al ser reproducidos por maestros de la talla de Tiziano –retrato de Eleonora Gonzaga de 1537 o Diego Velázquez. En efecto, en su retrato de cuerpo entero de Mariana de Austria del Museo del Prado aparece, sobre el bufete, un ejemplar muy similar al nuestro, como el que también representó Antonio de Pereda en El sueño del caballero de la Academia de San Fernando.
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NIKOLAUS SCHMIDT EL VIEJO (ca. 1549-ca. 1625/29)
Türmchenuhr o Reloj de torrecilla
ca. 1600
Bronce dorado.
Medidas: 29 x 16 cm.
Punzón del obrador en el frente con las iniciales “NS” dentro de una cartela.
Bibliografía de referencia: Henry-Gustave Tardy. La Pendule française des origines à nos jours. París, 1969; Klaus Maurice y Otto Mayr. The Clockwork Universe, German Clocks and Automata 1550-1650. Munich, 1980; Jesús Sáenz de Miera, “Lo raro del orbe. Objetos de arte y maravillas en el Alcázar de Madrid”, en El Real Alcázar de Madrid, cat. exp., Madrid, 1994, pp. 264-287; The Luxury of Time: European Clocks and Watches, cat. exp., Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, 2015.
Nikolaus Schmidt fue uno de los maestros relojeros y orfebres más importantes del Renacimiento centroeuropeo. Desarrolló buena parte de su carrera en la ciudad imperial de Augsburgo, epicentro por excelencia en la época de la orfebrería, la mecánica de precisión y las artes suntuarias. En 1576 alcanzó la maestría tras ser examinado por el gremio de relojeros de la ciudad. Ese mismo año contrajo matrimonio con la hija de Hans Fronmüller, uno de los relojeros más ricos y afamados, obteniendo así acceso directo a la corte imperial y a los coleccionistas más exquisitos.
Una década más tarde alcanzó el puesto más elevado de su gremio, el de maestro mayor de los herreros y mecánicos. Sus relojes, habitualmente realizados en bronce dorado, no eran simples elementos para controlar el paso del tiempo, sino sofisticados mecanismos considerados además como objetos de lujo por sus diseños, desde los modelos conocidos como de torrecilla hasta los autómatas. En la actualidad, sus escasos y supervivientes relojes se conservan en algunas de las más prestigiosas instituciones del mundo como el Metropolitan Museum de Nueva York, el Historisches Museum de Basilea o el Poldi Pezzoli de Milán.
Estas exquisitas piezas fueron objeto de deseo de la casa imperial, la alta nobleza y la pujante burguesía, quienes a cambio de poseerlos desembolsaron grandes sumas de dinero. Este elitismo tuvo su reflejo en las artes, al ser reproducidos por maestros de la talla de Tiziano –retrato de Eleonora Gonzaga de 1537 o Diego Velázquez. En efecto, en su retrato de cuerpo entero de Mariana de Austria del Museo del Prado aparece, sobre el bufete, un ejemplar muy similar al nuestro, como el que también representó Antonio de Pereda en El sueño del caballero de la Academia de San Fernando.